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Historia Las Tres Cruces en Higuey.

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Las Tres Cruces​

En las tierras que fueron colonizadas por españoles, era costumbre la colocación de cruces a la entrada de los pueblos y en caminos. Para el mismo Cristóbal Colón, su primera tarea era plantar una cruz y tomar posesión de las tierras descubiertas en nombre de los reyes de España.

Es frecuente encontrar en cualquier camino tres cruces plantadas en el suelo y rodeadas por una gran cantidad de piedras que van depositando allí desde época inmemorial los caminantes y cuya acumulación llega a constituir a veces verdaderas montañas. En Higüey ha habido dos Calvarios famosos. Uno a unos cuatro kilómetros de la ciudad en la carretera hacia Santo Domingo, el de Ceja Esperanza donde dice una vieja tradición que un buey habló a su amo porque era el día del Corpus Christi y no estaban descansado. El otro es el calvario situado a la entrada de la ciudad en el mismo camino.

Su origen es el mismo de los demás calvarios de los pueblos de la América hispana, no pudiéndose dar testimonio sobre la fecha de su construcción. Allí están desde antes de que alcance la memoria de las personas más mayores. Son tres cruces de madera plantadas en el suelo y rodeadas de las piedras que allí colocaron los que por allí pasaban, conforme a la tradición existente. Estas piedras fueron posteriormente sustituidas por otras llamadas comúnmente "piedras de fogón" y que fueron dispuestas de forma más artística.

Hasta allí llegaban los peregrinos a pie, a caballo o en sus vehículos. Eso sí, desde allí hasta el Santuario el recorrido se hacía a pie y no faltaba quien a veces lo hiciera de rodillas por penitencia o por alguna promesa hecha a la Virgen por haber recibido un favor mediante su intercesión.

Este Calvario está a veces iluminado por cientos de velas durante las fiestas de la Santísima Cruz, en los días de los Fieles difuntos y en la noche del Miércoles Santo cuando se escenificaba allí el encuentro entre Jesús Nazareno cuya procesión recorría las calles de costumbre y la Virgen de los Dolores que aparecía por la calle General Santana. Allí, tras una ligera inclinación de ambas imágenes que siempre resultaba muy emotivo y predicar el emotivo sermón, es donde continuaban ambas procesiones en una sola por la calle Altagracia hasta el viejo Santuario. Las costumbres han cambiado bastante y hoy esto ya no se hace así.

Durante el ejercicio de monseñor Juan Félix Pepén S. como primer obispo de la Diócesis, un estudiante exaltado destruyó a pedradas la imagen del Crucificado que allí había. Después de esto y por orden del mismo monseñor este calvario fue remodelado nuevamente y así se conserva hasta el día de hoy.

Hay varias versiones sobre el origen de este calvario. Unos dicen que allí cayó el General Manuel María Suero y que se construyó allí por eso. Otros que se hizo para recordar a las generaciones futuras que allí fueron fusilados los Botello. Al margen de que no sean ciertos ambos hechos, el calvario ya existía allí desde mucho antes, de modo que la memoria de los más mayores no alcanza a fijar la fecha de su construcción y solo hay recuerdo de haberlo visto siempre allí.

Otra Cruz importante, hecha de mampostería, estuvo en el otro extremo de la ciudad, en el sitio donde se unían el camino que iba a Los Ríos y Anamuyita y el que iba al Macao y Nisibón. Esta cruz tenía la particularidad que detrás de ella había una cerca y los campesinos que venían a enterrar sus muertos, allí dejaban la madera con que habían construido las andas; la corona casi siempre hecha de cartón y forrada de tela rosada que acompañaba al cadáver de un niño o negra si era el de un adulto, y era sitio obligado de visita de las hermandades de la Santísima Cruz con sus atabales el día en que comenzaban las festividades de su patrona. El sitio donde estuvo plantada esta cruz lo ocupa hoy un taller de mecánica al lado de la actual oficina de Obras Públicas.
 
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